Lo tangible de lo intangible

Seguro que has oído alguna vez la frase de: “Las ideas están en todas partes”.

Hoy queremos hablarte de ellas. Una idea es una representación mental que surge del razonamiento o de la imaginación de una persona. Pero lo cierto, es que no es necesario darle muchas vueltas a algo para que surja una idea. De hecho, a veces las mejores ideas surgen cuando menos nos lo esperamos. No obstante, éstas deben tener un tiempo de evolución y maduración para que se conviertan realmente en majestuosas.

A veces incluso es necesario ponerlas en común para que otra mente aporte ideas paralelas, detecte errores o mejoras, en las que posiblemente no habías pensado: una idea da pie a otra idea. Otras veces, la suma de pequeñas ideas puede convertirse en una grande. Así, se retroalimentan hasta llegar a conformarse como un buena y efectiva idea.

Sea como sea, lo que está claro es que cualquier pequeño elemento, estímulo o suceso puede ser de inspiración.

Sin embargo, el principal problema reside en convertir estas ideas (intangibles) en tangibles, es decir, ponerles precio. Se trata de algo muy relativo. Dos personas pueden tener opiniones opuestas sobre una única idea, lo cual dificulta determinar el valor económico de la misma. Éste es uno de los conflictos en los que las agencias creativas nos vemos envueltos en múltiples ocasiones, ya que muchas empresas no saben valorarlas a pesar que les resuelvan el problema que piden.

Para ello debemos tener en cuenta todos los factores no intelectuales que influyen en el proceso: el tamaño de la empresa, el beneficio y retorno, la ejecución de la idea, la plataforma de distribución que se va a utilizar, el material y tiempo invertidos… Además del valor humano que se esconde tras la idea, es decir, el equipo que la ha elaborado.

Analizando y valorando todos estos elementos con rigor, obtendrás un valor digno y racional de la idea y su ejecución.

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